miércoles, 9 de febrero de 2011
Programación Tertulia Liberatura 2011
PROGRAMACIÓN TERTULIA LIBERATURA. SEMESTRE A 2011
La Tertulia Liberatura funciona todos los jueves desde la seis de la tarde en la sala de profesores del edificio de Humanidades de la Universidad de Ibagué. Es un espacio de promoción y animación a la lectura, la entrada es libre y la participación voluntaria. No es un espacio exclusivo para expertos sino para personas interesadas en los temas.
Fecha Actividad
FEBRERO
Febrero 3 Lo que leímos en vacaciones:Sesión inicial
Febrero 10 Juan Rulfo: 25 aniversario del escritor del silencio
Febrero 17 Nuevos narradores latinoamericanos
Febrero 24 Charles Chaplin: Los tiempos modernos
MARZO
Marzo 3 María Elena Walsh: La puerta a la poesía
Marzo 10 Taller de creación
Marzo 17 Clarice Lispector: La voz de Brasil
Marzo 24 Silvia Plath, Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik: una poesía desgarrada
Marzo 31 Ernesto Sábato: el túnel de la literatura
ABRIL
Abril 7 Jorge Luis Borges: el escritor del tiempo
Abril 14 Emily Dickinson y otras poetas norteamericanas
Abril 28 Songoro cosongo: La poesía cubana
MAYO
Mayo 5 Taller de creación
Mayo 12 Ernest Hemingway :Un legado para la narrativa
Mayo 19 Poesía Beat
Mayo 26 Joaquin María Machado de Asís
JUNIO
Junio 2 100 años de Cantinflas: el cine popular mexicano
Junio 9 Taller de creación
Junio 16 Poetas de Brasil
martes, 1 de febrero de 2011
Convocatoria 2011
Estan abiertas las inscripciones para la cuarta versión del taller RENATA -Ibagué. Los escritores participantes en el taller tendrán la oportunidad de quedar inscritos en la Red, beneficiarse de la tutoría de reconocidos escritores nacionales, recibir charlas y conferencias de escritores de trayectoria y vivir un espacio que les permita solidificar su producción escrita y la búsqueda de su voz narradora. Igualmente, los talleristas podrán ser seleccionados para la publicación de la Antología RENATA a nivel nacional y a nivel local tendrán una publicación que registre sus trabajos así como el acceso a los espacios electrónicos de la Red y un certificado de asistencia que acredita 120 horas de participación.
Los talleres comienzan el martes 22 de febrero en la biblioteca Darío Echandía. Para la inscripción esnecesario enviar un correo a matisfajardo@gmail.com con los datos básicos del participante. Los horarios del taller son martes y jueves de seis y media a ocho y media.Mayores nformes tel 2709400 ext 214
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Lanzamiento del libro "He Soñado" de Carlos López
El pasado viernes 12 de noviembre asistimos al lanzamiento del libro "He soñado" de nuestro compañero de taller Carlos López..compartimos el prólogo del libro.
PROLOGO
En una edición de autor como esta, el prólogo, por lo general, lo hace un gran amigo. En este caso fue para mi un halago saber que Carlos López, mi compañero de taller RENATA*, quería que yo hiciera esta presentación.
Debo confesar que a Carlos López lo conozco más como narrador que como poeta y que el viaje que he hecho por estos poemas es el de un lector primerizo, curioso, que busca en los versos al hombre que conoce y con quien comparte horas de pasión por la escritura.
Así las cosas, lo que haré será registrar mis descubrimientos, dejar constancia de mis experiencias en la lectura de este libro que recoge la trayectoria de los sueños de Carlos López.
Cuando uno lee un libro de poemas comienza por el centro, deja que el azar escoja pero siempre abre el libro en el centro. Ese Seguro Azar que llamaba Pedro Salinas y que nos puede unir o desligar de un poeta para siempre. La poesía, ya lo sabemos todos, es una copa vacía que el lector llena con sus experiencias, sus sueños, sus temores e ilusiones.
Pasar las hojas de este libro de poemas de Carlos López deja una primera sensación: Estamos frente a un poeta enamorado y enamoradizo. Con descaro, él usa metáforas e imágenes clásicas; no le importa recurrir de nuevo la perla y el alabastro como materiales de sus amadas. Son Mujeres de otro tiempo construidas con música de boleros o con claros de luna al fondo de sus movimientos. La adoración por lo femenino, por la encarnación del sueño de la mujer etérea es una constante en sus versos.
Otro punto de interés en el trabajo poético es la pérdida del amor; el desencuentro y la separación. Tal vez el poema que resume todo este ideario es “Eva”; La mujer como dios y paraíso son constantes que van y vienen en los versos de Carlos López. En la misma dirección el poema “Goce pagano” nos muestra la conciencia del desencuentro, de lo que no fue y no pudo ser, del saber que suscita pensar en las posibilidades del amor.
El pan como paz es una obsesión en las imágenes a las que recurre López. Convertido en hambre, en trigo, en surco sembrado, el alimento se erige como arquetipo de la paz. Tal vez el poema más logrado en este tema sea “fusiles” .En él encontramos unas imágenes memorables que nos muestran lo que el poeta piensa acerca de la guerra y del hambre y de sus relaciones consustanciales.
Otro tema encontrado al pasar las páginas del poemario es el de los otros mundos que contiene este mundo. “Magohoz” es el resumen de esa mirada, el mundo de la muerte, jamás nombrada, el mundo de lo cotidiano y el mundo de oriente componen las fronteras de la tierra poética creada por Carlos López.
Este libro “He soñado” es una colección–itinerario de mas de cincuenta años dedicados a la poesía, a la vida y a la experiencia. Quien quiera puede descubrir los momentos vitales que hay detrás de cada verso. Los cambios y las obsesiones que permanecen y maduran y estallan. Algunos poemas son irregulares, contienen versos que son como fuegos artificiales, versos que quisiéramos robar para hacer otro poema, para componer lo que ellos nos sugieren.
Queda pues en nosotros, los lectores, la tarea de hacer nuestro propio camino, de construir el sendero por entre las páginas que comienzan en el centro del libro, pero que van de un lado a otro y se detienen en lo que más nos habla , no desde dentro de los versos, sino desde el interior de nosotros mismos.
Martha Fajardo Valbuena
Ibagué septiembre de 2010
*Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa
viernes, 29 de octubre de 2010
jueves, 30 de septiembre de 2010
Junot Díaz: “Pasa diez años escribiendo una novela y aprenderás algo sobre la humildad"
Junot Díaz: “Pasa diez años escribiendo una novela y aprenderás algo sobre la humildad”
RUTH HERRERA - 8/30/2008
Fuente: LISTIN DIARIO
SANTO DOMINGO.- No sé cómo suena su voz, sí oigo sus palabras escritas, duras, suaves, neutrales, de doble sentido. Lo dijo en una entrevista (una de sus tareas frecuentes en estos días, concederlas): el inglés es brutal, y es el idioma en que escribe; el español es íntimo, y es el que no domina.
Si vamos a juzgarle por sus palabras, por sus historias, Junot Díaz, el dominicano que acaba de lograr un premio Pulitzer por su novela “La breve y maravillosa vida de ”scar Wao” (Alfaguara, 2008), parece un hombre contradictorio, inmerso en el conflicto, en la desazón, en medio de dos razas. O es, sencillamente, un escritor exigente consigo mismo, que hurga en sus personajes y los exprime hasta sus últimas consecuencias. Tal como le ha tratado la vida.
De tu primera infancia en Villa Juana a enseñar escritura creativa a las “mentes brillantes” del MIT, dime algo que aprendiste en ese tránsito:
Es una pregunta enorme. Imagino que si algo he aprendido es que me llevo mejor con los jóvenes y los viejitos. Y que si alguien puede hacerte sonreír o lograr que la esperanza vuelva a tu vida, es un joven o un viejito.
Ya has aclarado que los diez años entre “Drown” y ”scar Wao se debieron a que escribes muy despacio y aplicándote la extrema autocrítica. ¿Fueron angustiosos esos años, qué monstruos tuviste que liquidar?
R. Sí, fueron años duros. Estaba deprimido gran parte del tiempo, pensé que nunca iba a terminar la novela. Pero también hubo buenos momentos. Tuve la oportunidad de viajar. Fui a Japón, viví seis meses en Amsterdam, un año en México. Fui dos veces a Cuba y dos a Australia.
Conocí a Juleyka Lantigua y a Tony Capellán, el más grande artista dominicano vivo, y ambos son mis amigos entrañables. Aprendí mucho sobre mí mismo. Es fácil ser buena gente cuando todo te sale bien, pero es difícil ser amable y agradable cuando todo lo que intentas termina en el zafacón. Aprendí a ser humilde. Una persona no puede parecer sencilla cuando está siendo entrevistada o cuando está en una gira de promoción de un libro, pero créeme, pasa diez años escribiendo una novela y aprenderás algo sobre la humildad.
P-Has comentado que ”scar Wao te llegó a la cabeza en una noche de tragos mexicana, pero, ¿sólo el nombre, derivado del escritor Oscar Wilde, o qué más?
R. Como dije: estaba viviendo en México. Quería estar donde Diego y Frida y Trotski y el Che y Pichirilo habían bebido tequila. Viví en un apartamento con fundas de basura por cortinas y todo lo que escribía era basura. Una noche que estaba con unos amigos la idea me llegó de repente. Shazam. Todo me vino aquella noche. El nombre de ”scar. Su carácter. Su familia De León-Cabral. Después de esa noche todo lo que tuve que hacer fue encontrar cómo contar la historia, y entonces, contarla. Eso me tomó ocho años.
P. ¿Trabajas con un plan o le dejas cancha a la improvisación?
R. Siempre tengo un plan. A la mayoría de la gente no le importa o no lo creería, pero la estructura de ”scar Wao es bastante compleja y requirió gran cantidad de ajustes. Mi inspiración (estructuralmente) vino de la película “Zardoz” y del ouroboro, la imagen mítica de una serpiente que se come su propia cola. De modo que sí, hay mucho trabajo puesto en esta vaina, pero también me esfuerzo en que mi escritura se sienta espontánea, improvisada.
¿Y de dónde salió esa imagen de Trujillo cayendo bajo las balas de sus matadores como un Tony Montana?
R. Vino de uno de mis parientes que, hablando sobre la muerte de Saddam Hussein, comentó: por lo menos Trujillo murió como un hombre. Fue una típica declaración machista, pero también me hizo reír e inspiró la descripción tipo Matrix de su muerte. El narrador Yunior odia a Trujillo pero por lo menos tiene que reconocer que el tipo mostró cierta valentía personal. Independiente de toda su maldad, al menos tuvo eso.
P.-En el caso de ”scar Wao, y luego de conocer algunos de tus libros favoritos (Texaco, Akira, Ceremony, Dhalgren, Dune), tu narrativa parece en buena medida construida a partir de la experiencia de un escritor-lector...
R.-No puedo imaginarme sin la literatura. Todos tenemos formas de sobrevivir a nuestra niñez. Yo sobreviví leyendo libros. Cuando leía un libro mi cara fea, la pobreza de mi familia y la promesa rota de Estados Unidos se alejaban. Finalmente ese mecanismo de escape (la lectura) llegó a ser algo más. Llegó a ser mi vida. O tuve suerte o me jodí.
P”Oscar Wao y Junot tienen algunos rasgos comunes. ¿Qué más hay de autobiográfico en esta novela?
R.-Lo más autobiográfico de esta novela es que todos los personajes jóvenes pertenecen a esta clase de juventud dominicana que no se ve en la propaganda turística: listo, culto, ‘raro’. Los ‘freakis’, los ‘cool’, los ‘nerdos’. ”scar pertenece a este grupo, y lo mismo le pasa a Yunior, a Lola y a muchos de los niños dominicanos con los que crecí. Nosotros no éramos los típicos ‘dominicanyorks’, ¡y vaya que nos lo hacían sentir nuestros pares!
P.-Tus personajes femeninos convencen, La Inca, Beli, Lola. Tal como le preguntan a las escritoras ñque se fastidianñ cuando crean buenos protagonistas masculinos, ¿cómo te metiste en el ser de tres mujeres, y tan distintas?
R.-No soy como algunos de mis ‘brothers’ dominicanos que viven fuera del país. A mí realmente me gusta la mujer dominicana y he estado con ellas toda mi vida. Si tú pasas cada día de tu vida rodeado de mujeres dominicanas, cada día (incluso cuando vivía en Amsterdam estaba saliendo con una dominicana), eventualmente eres capaz de escribir de ellas como personajes. Pero solo si trabajas muy duro y tus amigas dominicanas te ayudan a corregir tus errores. Pero fue mi niñez con mis dos hermanas, una que se escapó y otra que permaneció, lo que tuvo un impacto enorme en mí.
P.-La frase final de la novela evoca otra de una novela adaptada para al cine en 1979, con mucho éxito.
R-.Fue un homenaje en reversa a Joseph Conrad. Su protagonista, Marlowe, viaja al Corazón de las Tinieblas para descubrir “the horror, the horror”. ”scar viaja al Corazón de las Tinieblas de su familia, Santo Domingo, para descubrir “the beauty, the beauty”.
P.-¿Por qué has abrazado la causa de la explotación de los trabajadores haitianos en República Dominicana?
R.-Pensé que todos dominicanos estaban contra la explotación. Bueno, es una broma. Esto probablemente sonará aburrido para cualquiera que no tenga una vena activista en su cuerpo, pero también estoy contra la violencia doméstica, la prostitución infantil y la segregación de facto en la vida nocturna dominicana. Estoy en contra de los partidos políticos que confunden y desorganizan la vida cívica dominicana. ¿Por qué? No sé de dónde viene este impulso. Quizá sería más bonito que no me preocupara por nadie.
Pienso que me involucro en estas “causas” porque como dominicanos nosotros merecemos un mejor legado que el que estamos construyendo. Porque cuando los dominicanos estamos en nuestro mejor momento no tratamos de expulsar inmigrantes ni de culpar a los pobres de todos los problemas que hay en el mundo. Y seamos honestos: los que tenemos casas, carros, los que podemos salir a cenar cada vez que queramos, ¿para qué sirve nuestro privilegio si no tratamos de ayudar a la sociedad que hace posibles nuestros privilegios? En mi opinión, el privilegio es solo tolerable si se utiliza en mejorar nuestro mundo. (Por favor, no le envíes este artículo a mi madre. Me acusaría de comunista).
P.-¿Qué necesitas para escribir, para “inspirar las facultades” de la creación?
R. Largos periodos de tiempo en calma para trabajar. Muchos libros. Salir de noche con mis amigos. Gente nueva que comparta su vida conmigo.
P.-Como escritor, ¿vives la dicotomía entre las ideas y las personas?
R.-No siento mucho esa división. Mi dicotomía es que crecí pobre con los tígueres y me siento cómodo en ese ambiente, pero también tengo una vida intelectual y artística que me pone en un sector de la sociedad “rarificado” que no duraría cinco segundos andando con ese grupo de amigos.
Mi dicotomía es ser un dominicano que habla mal el español y conoce la capital mejor que dominicanos con un español excelente que viven con papi y mami en Piantini. Mi dicotomía es ser la persona de piel más oscura en mi familia y la más clara de todos mis amigos.
P.-Tal como lo hiciste en su momento con los precandidatos demócratas y el candidato republicano de Estados Unidos, ¿qué libro les recomendarías a Leonel Fernández, Hipólito Mejía y Miguel Vargas?
R.-No les recomendaría ningún libro. Les daría pasaportes para que se fueran. Necesitamos algo nuevo para nuestro país. Estos partidos políticos tradicionales no están llenando las expectativas.
P.-¿Qué haces de hobby, que no sea leer?
R.-Adoro correr. Me encanta salir a bares y clubes, y estuve metido en el ambiente hiphop ‘underground’ de NYC por un tiempo. Soy un gran fanático del béisbol, así que veo a los Yankees, los Mets y los Medias Rojas cada vez que puedo. Aunque parezco un bruto cuando me conoces, sé mucho sobre películas extranjeras, las veo obsesivamente. Toda mi juventud trabajé en industrias, así que todavía disfruto del trabajo físico, y me relaja. Ni siquiera soy muy bueno jugando a intelectual de tiempo completo. Es triste.
P.-¿Cuál sería tu lugar ideal para un hipotético retiro en República Dominicana?
R.-Esa es una pregunta difícil. Todavía me quedo en la casa de mi familia en Villa Juana (Calle 21 forever!), pero a ninguno de mis amigos dominicanos de Estados Unidos le gusta visitarme allí. (Mis amigos dominicanos de la isla no le tienen miedo a Villa Juana.) Mi sueño sería vivir como el artista Tony Capellán, en la azotea de uno de los edificios frente al Parque Independencia. Eso me permitiría tener acceso a mis dos mundos: podría salir con la gente ‘cool’ a sus ‘lounges’ de la Zona y sacar tiempo con los tipos pobres que hay en el parque, que trabajan todo el día y toda la noche para ganarse un par de dólares.
junot Diaz
Tomado de:http://filosofandoyotrascosas.blogspot.com/2008/08/entrevista-junot-diaz.html
RUTH HERRERA - 8/30/2008
Fuente: LISTIN DIARIO
SANTO DOMINGO.- No sé cómo suena su voz, sí oigo sus palabras escritas, duras, suaves, neutrales, de doble sentido. Lo dijo en una entrevista (una de sus tareas frecuentes en estos días, concederlas): el inglés es brutal, y es el idioma en que escribe; el español es íntimo, y es el que no domina.
Si vamos a juzgarle por sus palabras, por sus historias, Junot Díaz, el dominicano que acaba de lograr un premio Pulitzer por su novela “La breve y maravillosa vida de ”scar Wao” (Alfaguara, 2008), parece un hombre contradictorio, inmerso en el conflicto, en la desazón, en medio de dos razas. O es, sencillamente, un escritor exigente consigo mismo, que hurga en sus personajes y los exprime hasta sus últimas consecuencias. Tal como le ha tratado la vida.
De tu primera infancia en Villa Juana a enseñar escritura creativa a las “mentes brillantes” del MIT, dime algo que aprendiste en ese tránsito:
Es una pregunta enorme. Imagino que si algo he aprendido es que me llevo mejor con los jóvenes y los viejitos. Y que si alguien puede hacerte sonreír o lograr que la esperanza vuelva a tu vida, es un joven o un viejito.
Ya has aclarado que los diez años entre “Drown” y ”scar Wao se debieron a que escribes muy despacio y aplicándote la extrema autocrítica. ¿Fueron angustiosos esos años, qué monstruos tuviste que liquidar?
R. Sí, fueron años duros. Estaba deprimido gran parte del tiempo, pensé que nunca iba a terminar la novela. Pero también hubo buenos momentos. Tuve la oportunidad de viajar. Fui a Japón, viví seis meses en Amsterdam, un año en México. Fui dos veces a Cuba y dos a Australia.
Conocí a Juleyka Lantigua y a Tony Capellán, el más grande artista dominicano vivo, y ambos son mis amigos entrañables. Aprendí mucho sobre mí mismo. Es fácil ser buena gente cuando todo te sale bien, pero es difícil ser amable y agradable cuando todo lo que intentas termina en el zafacón. Aprendí a ser humilde. Una persona no puede parecer sencilla cuando está siendo entrevistada o cuando está en una gira de promoción de un libro, pero créeme, pasa diez años escribiendo una novela y aprenderás algo sobre la humildad.
P-Has comentado que ”scar Wao te llegó a la cabeza en una noche de tragos mexicana, pero, ¿sólo el nombre, derivado del escritor Oscar Wilde, o qué más?
R. Como dije: estaba viviendo en México. Quería estar donde Diego y Frida y Trotski y el Che y Pichirilo habían bebido tequila. Viví en un apartamento con fundas de basura por cortinas y todo lo que escribía era basura. Una noche que estaba con unos amigos la idea me llegó de repente. Shazam. Todo me vino aquella noche. El nombre de ”scar. Su carácter. Su familia De León-Cabral. Después de esa noche todo lo que tuve que hacer fue encontrar cómo contar la historia, y entonces, contarla. Eso me tomó ocho años.
P. ¿Trabajas con un plan o le dejas cancha a la improvisación?
R. Siempre tengo un plan. A la mayoría de la gente no le importa o no lo creería, pero la estructura de ”scar Wao es bastante compleja y requirió gran cantidad de ajustes. Mi inspiración (estructuralmente) vino de la película “Zardoz” y del ouroboro, la imagen mítica de una serpiente que se come su propia cola. De modo que sí, hay mucho trabajo puesto en esta vaina, pero también me esfuerzo en que mi escritura se sienta espontánea, improvisada.
¿Y de dónde salió esa imagen de Trujillo cayendo bajo las balas de sus matadores como un Tony Montana?
R. Vino de uno de mis parientes que, hablando sobre la muerte de Saddam Hussein, comentó: por lo menos Trujillo murió como un hombre. Fue una típica declaración machista, pero también me hizo reír e inspiró la descripción tipo Matrix de su muerte. El narrador Yunior odia a Trujillo pero por lo menos tiene que reconocer que el tipo mostró cierta valentía personal. Independiente de toda su maldad, al menos tuvo eso.
P.-En el caso de ”scar Wao, y luego de conocer algunos de tus libros favoritos (Texaco, Akira, Ceremony, Dhalgren, Dune), tu narrativa parece en buena medida construida a partir de la experiencia de un escritor-lector...
R.-No puedo imaginarme sin la literatura. Todos tenemos formas de sobrevivir a nuestra niñez. Yo sobreviví leyendo libros. Cuando leía un libro mi cara fea, la pobreza de mi familia y la promesa rota de Estados Unidos se alejaban. Finalmente ese mecanismo de escape (la lectura) llegó a ser algo más. Llegó a ser mi vida. O tuve suerte o me jodí.
P”Oscar Wao y Junot tienen algunos rasgos comunes. ¿Qué más hay de autobiográfico en esta novela?
R.-Lo más autobiográfico de esta novela es que todos los personajes jóvenes pertenecen a esta clase de juventud dominicana que no se ve en la propaganda turística: listo, culto, ‘raro’. Los ‘freakis’, los ‘cool’, los ‘nerdos’. ”scar pertenece a este grupo, y lo mismo le pasa a Yunior, a Lola y a muchos de los niños dominicanos con los que crecí. Nosotros no éramos los típicos ‘dominicanyorks’, ¡y vaya que nos lo hacían sentir nuestros pares!
P.-Tus personajes femeninos convencen, La Inca, Beli, Lola. Tal como le preguntan a las escritoras ñque se fastidianñ cuando crean buenos protagonistas masculinos, ¿cómo te metiste en el ser de tres mujeres, y tan distintas?
R.-No soy como algunos de mis ‘brothers’ dominicanos que viven fuera del país. A mí realmente me gusta la mujer dominicana y he estado con ellas toda mi vida. Si tú pasas cada día de tu vida rodeado de mujeres dominicanas, cada día (incluso cuando vivía en Amsterdam estaba saliendo con una dominicana), eventualmente eres capaz de escribir de ellas como personajes. Pero solo si trabajas muy duro y tus amigas dominicanas te ayudan a corregir tus errores. Pero fue mi niñez con mis dos hermanas, una que se escapó y otra que permaneció, lo que tuvo un impacto enorme en mí.
P.-La frase final de la novela evoca otra de una novela adaptada para al cine en 1979, con mucho éxito.
R-.Fue un homenaje en reversa a Joseph Conrad. Su protagonista, Marlowe, viaja al Corazón de las Tinieblas para descubrir “the horror, the horror”. ”scar viaja al Corazón de las Tinieblas de su familia, Santo Domingo, para descubrir “the beauty, the beauty”.
P.-¿Por qué has abrazado la causa de la explotación de los trabajadores haitianos en República Dominicana?
R.-Pensé que todos dominicanos estaban contra la explotación. Bueno, es una broma. Esto probablemente sonará aburrido para cualquiera que no tenga una vena activista en su cuerpo, pero también estoy contra la violencia doméstica, la prostitución infantil y la segregación de facto en la vida nocturna dominicana. Estoy en contra de los partidos políticos que confunden y desorganizan la vida cívica dominicana. ¿Por qué? No sé de dónde viene este impulso. Quizá sería más bonito que no me preocupara por nadie.
Pienso que me involucro en estas “causas” porque como dominicanos nosotros merecemos un mejor legado que el que estamos construyendo. Porque cuando los dominicanos estamos en nuestro mejor momento no tratamos de expulsar inmigrantes ni de culpar a los pobres de todos los problemas que hay en el mundo. Y seamos honestos: los que tenemos casas, carros, los que podemos salir a cenar cada vez que queramos, ¿para qué sirve nuestro privilegio si no tratamos de ayudar a la sociedad que hace posibles nuestros privilegios? En mi opinión, el privilegio es solo tolerable si se utiliza en mejorar nuestro mundo. (Por favor, no le envíes este artículo a mi madre. Me acusaría de comunista).
P.-¿Qué necesitas para escribir, para “inspirar las facultades” de la creación?
R. Largos periodos de tiempo en calma para trabajar. Muchos libros. Salir de noche con mis amigos. Gente nueva que comparta su vida conmigo.
P.-Como escritor, ¿vives la dicotomía entre las ideas y las personas?
R.-No siento mucho esa división. Mi dicotomía es que crecí pobre con los tígueres y me siento cómodo en ese ambiente, pero también tengo una vida intelectual y artística que me pone en un sector de la sociedad “rarificado” que no duraría cinco segundos andando con ese grupo de amigos.
Mi dicotomía es ser un dominicano que habla mal el español y conoce la capital mejor que dominicanos con un español excelente que viven con papi y mami en Piantini. Mi dicotomía es ser la persona de piel más oscura en mi familia y la más clara de todos mis amigos.
P.-Tal como lo hiciste en su momento con los precandidatos demócratas y el candidato republicano de Estados Unidos, ¿qué libro les recomendarías a Leonel Fernández, Hipólito Mejía y Miguel Vargas?
R.-No les recomendaría ningún libro. Les daría pasaportes para que se fueran. Necesitamos algo nuevo para nuestro país. Estos partidos políticos tradicionales no están llenando las expectativas.
P.-¿Qué haces de hobby, que no sea leer?
R.-Adoro correr. Me encanta salir a bares y clubes, y estuve metido en el ambiente hiphop ‘underground’ de NYC por un tiempo. Soy un gran fanático del béisbol, así que veo a los Yankees, los Mets y los Medias Rojas cada vez que puedo. Aunque parezco un bruto cuando me conoces, sé mucho sobre películas extranjeras, las veo obsesivamente. Toda mi juventud trabajé en industrias, así que todavía disfruto del trabajo físico, y me relaja. Ni siquiera soy muy bueno jugando a intelectual de tiempo completo. Es triste.
P.-¿Cuál sería tu lugar ideal para un hipotético retiro en República Dominicana?
R.-Esa es una pregunta difícil. Todavía me quedo en la casa de mi familia en Villa Juana (Calle 21 forever!), pero a ninguno de mis amigos dominicanos de Estados Unidos le gusta visitarme allí. (Mis amigos dominicanos de la isla no le tienen miedo a Villa Juana.) Mi sueño sería vivir como el artista Tony Capellán, en la azotea de uno de los edificios frente al Parque Independencia. Eso me permitiría tener acceso a mis dos mundos: podría salir con la gente ‘cool’ a sus ‘lounges’ de la Zona y sacar tiempo con los tipos pobres que hay en el parque, que trabajan todo el día y toda la noche para ganarse un par de dólares.
junot Diaz
Tomado de:http://filosofandoyotrascosas.blogspot.com/2008/08/entrevista-junot-diaz.html
jueves, 2 de septiembre de 2010
Fuegia:Historia de una novela
Sacarse de encima la Historia
Cuando yo decidí escribir sobre los indios fueguinos fue por una historia. Siempre hay una historia, una historia que marca...Yo me encontré con la historia de Jimmy Button, John Mister, Boat Memory y Fuegia Vázquez de manera accidental como siempre pasan estas cosas. Yo tenía tantas ganas de escribir sobre los fueguinos como sobre los venusinos. Pero un día encontré esa historia, que es bastante conocida pero que tal vez alguno de ustedes no conozca. Y que es muy simple: cuando el capitán Fitz Roy andaba con el Beagle en esas navegaciones que eran mezcla de espionaje británico y de misión hidrográfica (nunca se sabía dónde terminaba el levantamiento de plantas y comenzaba el relevamiento político de las costas), y que permitían tener las únicas cartas confiables en el mundo (si uno no quería ahogarse tenía que navegar con una carta inglesa), un día, al llegar a las costas de Tierra del Fuego, le robaron una ballenera (uno de esos botes que usan los barcos para desembarcar). Como represalia secuestró a cuatro fueguinos a los cuales bautizó, como corresponde porque los nombres de los nativos eran bastante difíciles de pronunciar y uno no puede andar perdiendo tiempo. Jimmy Button, creo, porque lo cambiaron por un botón de saco; Boat Memory, en memoria del bote; John Mister, que debía tener unos veinte años y Fuegia Vázquez que era una chiquita. Fitz Roy estableció una buena relación con ellos. Los fueguinos, con ese oído tan necesario para sobrevivir en el bosque de Tierra del Fuego, eran muy maleables para aprender idiomas. Entonces al poco tiempo conversaban con Fitz Roy.
Fitz Roy un día, en un inglés, decidió llevárselos a Inglaterra para educarlos. Y los llevó a Inglaterra, se los presentó a la reina, a los periodistas, Los llevó al zoológico, les enseñó a tomar el té. Fuegia Vázquez se convirtió en una dama. Cortaba la torta, manejaba la vajilla. Fueron a la escuela, los vacunaron. Ahí partió el primero porque la vacuna lo liquidó.
Nueve meses después, no se sabe cómo, el alcahuete que tenían los capitanes ingleses que es el segundo a bordo, la descubrió a Fuegia Vázquez en una situación amorosa, no sé de qué calibre, con John Mister, y le contó a Fitz Roy. Y Fitz Roy tuvo una enorme furia, tal vez un desengarño amoroso (nadie sabrá nunca si la quería como a una hija o como a otra cosa) y decidió que ahí terminaba la experiencia inglesa. Los agarró, los metió de nuevo en el barco y Los trajo de regreso a Tierra del Fuego. En ese viaje venía Darwin que fue un testigo privilegiado de lo que ocurrió. Testigo de cuando Jimmy Button no salía a cubierta si no era con guantes y con galera. Fitz Roy, entonces, los trajo a Tierra del Fuego, los soltó y se fue, con la idea de que ellos podrían irradiar la cultura inglesa en las costas fueguinas y convertir esto en una Nueva Inglaterra, en un país como la gente.
A los dos años volvió Fitz Roy a ver qué había pasado. A ver qué había pasado con los guantes de Button... Un desastre. Estaban desnudos de nuevo, engrasados hasta las patas porque era lo que les permitía sobrevivir al aire frío. Un olor... Y eso que Fitz Roy les había enseñado que no debían ponerse grasa de lobo, sobre todo cuando tenían que saludar a la reina. Jimmy Button había matado a un par de misioneros. Y ahí terminó el experimento.
Entonces, claro, yo me dije: con esto hay que hacer una novela. Si uno lo considera de entrada con entusiasmo, ya está la novela hecha, dije. Escribirla es una pavada. Y ahí empezó mi problema.
Esta era la historia, una versión de la historia, pero una versión bastante aproximada de lo que fue la historia. Tendrá otras variantes. Esta es la variante romántica. Fitz Roy se enamoró de Fuegia Vázquez. Era un buen tipo, estableció buena relación con los fueguinos, se los llevó a Inglaterra, los mandó a la escuela, los vacunó, se los presentó a la reina, los trajo, los dejó...
Tenía tema, principio, remate. Todo. Y ése era el problema. Y de tal calibre que a medida que trabajaba advertí que nunca iba a poder escribir esta historia. Porque era historia. Y que si yo iba a escribir alguna novela sobre los fueguinos me tenía que olvidar prolijamente de la historia y escribir otra cosa. Y ahí empiezan los problemas para un escritor. No es fácil abordar el pasado. Y en eso Saer tenía razón cuando, respondiendo a alguien, dijo que nos dedicábamos al pasado porque no nos atrevíamos con el presente...
¿Cómo habla un fueguino? ¿Cómo hace el amor? ¿De qué habla con la mujer por las noches?
Yo tenía que contar un genocidio. La historia de un genocidio. Eso se me instaló como un objetivo difuso. No podía ser una novela de denuncia, no podía ser una novela de barricada, no podía ser un alegato, porque se iba a convertir en algo demasiado grosero. Tenía que contar el espíritu de lo que pasó. Y tenía que estar Fitz Roy ahí de alguna manera. Pero una sombra. Tampoco Jimmy Button. Y tampoco Tierra del Fuego. Y ya me quedaba sin nada. Me quedé sin la isla porque la isla no está mencionada en ningún momento. Fitz Roy tampoco está mencionado. Y Fuegia Vázquez sólamente está mencionada en el título.
...El problema para los escritores que nos aproximamos a la historia es cómo sacarnos de encima la historia...
[Fuegia: La isla de los guanacos...]
Charla de Eduardo Belgrano Rawson aparecida en "La Política y la Historia en la ficción argentina. ©1995 Centro de Publicaciones Universidad del Litoral, Santa Fe, Argentina
Cuando yo decidí escribir sobre los indios fueguinos fue por una historia. Siempre hay una historia, una historia que marca...Yo me encontré con la historia de Jimmy Button, John Mister, Boat Memory y Fuegia Vázquez de manera accidental como siempre pasan estas cosas. Yo tenía tantas ganas de escribir sobre los fueguinos como sobre los venusinos. Pero un día encontré esa historia, que es bastante conocida pero que tal vez alguno de ustedes no conozca. Y que es muy simple: cuando el capitán Fitz Roy andaba con el Beagle en esas navegaciones que eran mezcla de espionaje británico y de misión hidrográfica (nunca se sabía dónde terminaba el levantamiento de plantas y comenzaba el relevamiento político de las costas), y que permitían tener las únicas cartas confiables en el mundo (si uno no quería ahogarse tenía que navegar con una carta inglesa), un día, al llegar a las costas de Tierra del Fuego, le robaron una ballenera (uno de esos botes que usan los barcos para desembarcar). Como represalia secuestró a cuatro fueguinos a los cuales bautizó, como corresponde porque los nombres de los nativos eran bastante difíciles de pronunciar y uno no puede andar perdiendo tiempo. Jimmy Button, creo, porque lo cambiaron por un botón de saco; Boat Memory, en memoria del bote; John Mister, que debía tener unos veinte años y Fuegia Vázquez que era una chiquita. Fitz Roy estableció una buena relación con ellos. Los fueguinos, con ese oído tan necesario para sobrevivir en el bosque de Tierra del Fuego, eran muy maleables para aprender idiomas. Entonces al poco tiempo conversaban con Fitz Roy.
Fitz Roy un día, en un inglés, decidió llevárselos a Inglaterra para educarlos. Y los llevó a Inglaterra, se los presentó a la reina, a los periodistas, Los llevó al zoológico, les enseñó a tomar el té. Fuegia Vázquez se convirtió en una dama. Cortaba la torta, manejaba la vajilla. Fueron a la escuela, los vacunaron. Ahí partió el primero porque la vacuna lo liquidó.
Nueve meses después, no se sabe cómo, el alcahuete que tenían los capitanes ingleses que es el segundo a bordo, la descubrió a Fuegia Vázquez en una situación amorosa, no sé de qué calibre, con John Mister, y le contó a Fitz Roy. Y Fitz Roy tuvo una enorme furia, tal vez un desengarño amoroso (nadie sabrá nunca si la quería como a una hija o como a otra cosa) y decidió que ahí terminaba la experiencia inglesa. Los agarró, los metió de nuevo en el barco y Los trajo de regreso a Tierra del Fuego. En ese viaje venía Darwin que fue un testigo privilegiado de lo que ocurrió. Testigo de cuando Jimmy Button no salía a cubierta si no era con guantes y con galera. Fitz Roy, entonces, los trajo a Tierra del Fuego, los soltó y se fue, con la idea de que ellos podrían irradiar la cultura inglesa en las costas fueguinas y convertir esto en una Nueva Inglaterra, en un país como la gente.
A los dos años volvió Fitz Roy a ver qué había pasado. A ver qué había pasado con los guantes de Button... Un desastre. Estaban desnudos de nuevo, engrasados hasta las patas porque era lo que les permitía sobrevivir al aire frío. Un olor... Y eso que Fitz Roy les había enseñado que no debían ponerse grasa de lobo, sobre todo cuando tenían que saludar a la reina. Jimmy Button había matado a un par de misioneros. Y ahí terminó el experimento.
Entonces, claro, yo me dije: con esto hay que hacer una novela. Si uno lo considera de entrada con entusiasmo, ya está la novela hecha, dije. Escribirla es una pavada. Y ahí empezó mi problema.
Esta era la historia, una versión de la historia, pero una versión bastante aproximada de lo que fue la historia. Tendrá otras variantes. Esta es la variante romántica. Fitz Roy se enamoró de Fuegia Vázquez. Era un buen tipo, estableció buena relación con los fueguinos, se los llevó a Inglaterra, los mandó a la escuela, los vacunó, se los presentó a la reina, los trajo, los dejó...
Tenía tema, principio, remate. Todo. Y ése era el problema. Y de tal calibre que a medida que trabajaba advertí que nunca iba a poder escribir esta historia. Porque era historia. Y que si yo iba a escribir alguna novela sobre los fueguinos me tenía que olvidar prolijamente de la historia y escribir otra cosa. Y ahí empiezan los problemas para un escritor. No es fácil abordar el pasado. Y en eso Saer tenía razón cuando, respondiendo a alguien, dijo que nos dedicábamos al pasado porque no nos atrevíamos con el presente...
¿Cómo habla un fueguino? ¿Cómo hace el amor? ¿De qué habla con la mujer por las noches?
Yo tenía que contar un genocidio. La historia de un genocidio. Eso se me instaló como un objetivo difuso. No podía ser una novela de denuncia, no podía ser una novela de barricada, no podía ser un alegato, porque se iba a convertir en algo demasiado grosero. Tenía que contar el espíritu de lo que pasó. Y tenía que estar Fitz Roy ahí de alguna manera. Pero una sombra. Tampoco Jimmy Button. Y tampoco Tierra del Fuego. Y ya me quedaba sin nada. Me quedé sin la isla porque la isla no está mencionada en ningún momento. Fitz Roy tampoco está mencionado. Y Fuegia Vázquez sólamente está mencionada en el título.
...El problema para los escritores que nos aproximamos a la historia es cómo sacarnos de encima la historia...
[Fuegia: La isla de los guanacos...]
Charla de Eduardo Belgrano Rawson aparecida en "La Política y la Historia en la ficción argentina. ©1995 Centro de Publicaciones Universidad del Litoral, Santa Fe, Argentina
viernes, 27 de agosto de 2010
PISTOLAS Y MARES
Pistolas y mares
LUIS MAGRINYÀ 21/08/2010
¿Cuentos cerrados o abiertos? Esa es la pregunta que surgió con Antón Chéjov, considerado el padre del relato moderno. Los 150 años del nacimiento del escritor ruso sirven para dilucidar sus claves y homenajear a este género en auge de autores y lectores. Por Luis Magrinyà
Leí La estepa por recomendación -una entre tantas- de su grandísimo traductor Víctor Gallego: esta extraña road story rusa, en la que un niño de nueve años recorre en calesa el largo camino de su pueblo a la ciudad donde ingresará en el instituto, fue un hito en la carrera de su autor y Víctor insistía en que era como el epítome de lo chejoviano. A mí me dejó intrigado. La historia termina con el niño instalado ya en su paradero, acogiendo "con lágrimas esa vida nueva y desconocida" sobre la que el narrador se pregunta textualmente: "¿Qué le depararía?". Esta pregunta es la última frase del relato pero de algún modo -de un modo muy chejoviano- se resiste a ser su final. Con ella, proyectando la narración hacia lo que aún tiene que ocurrir, el autor parece dejarnos claro que lo que ha contado es sólo un fragmento, que una narración no puede aspirar a describir la vida en su totalidad más que señalando, precisamente, la imposibilidad de hacerlo.
Se sabe que Chéjov dijo en varias ocasiones -refiriéndose sobre todo al teatro- que si aparece una pistola al principio de una trama tiene que ser para que al final alguien la dispare. Esta pistola -"la pistola de Chéjov"- ha llegado a dar nombre a una figura literaria que antes se conocía como "anticipación", y se ha difundido, paradójicamente, como consigna de cierto tipo de construcción narrativa -economía, funcionalidad, previsión y control dramático- que los lectores de Chéjov probablemente no identifiquemos demasiado con él. En sus cuentos encontramos sin dificultad pistolas que aparecen y no se disparan: de hecho, muchas veces nos parece todo muy antieconómico, disperso, informe, divagante, poco atado... aunque nunca, es verdad, gratuito.
En El beso, después del acontecimiento al que alude el título y antes de las consecuencias que de él se derivan, leemos varias páginas bastante ajenas a lo ocurrido y en las que se suceden, para más inri, "cuadros muchas veces vistos poco interesantes". En Luces, después de que un ingeniero cuente un recuerdo algo vergonzoso de su juventud que tendría que ser el centro indiscutible del relato, éste se extiende no sólo en las discusiones moralizantes de sus oyentes, sino en las pequeñas incidencias de su vida laboral, y el último "acontecimiento" narrativo es la aparición de un hombre con unos calderos que nadie ha pedido. Janet Malcolm, en su estupendo Leyendo a Chéjov, ha destacado cómo al final de La sala número 6, en las visiones agónicas del protagonista, aparece un hermoso ciervo -tal vez una imagen idílica, psicológicamente razonable en un moribundo-, pero también una campesina que le tiende "una carta certificada".
¿Una carta certificada? ¿Qué demonios pinta ahí una carta certificada? ¿En el decisivo momento de la muerte? Éste es un elemento muy narrativo: de una carta siempre queremos saber qué dice, quién la escribe, qué efecto produce en quien la recibe. Y si encima es certificada... ¿Qué perverso juego introduce Chéjov al endosarnos un misterio que no va a resolver, una alusión a un episodio sin duda importante en la vida del personaje pero del que nosotros nunca sabremos nada? ¿Y por qué ese misterio -toda una carta certificada- es precisamente pura narratividad escamoteada? "Chéjov entra en el cerebro del moribundo, pero sale de él con la información más lacónica e incompleta que pueda imaginarse": Janet Malcolm relaciona esta "reticencia" autorial con el modernismo del siglo XX y la contrapone a la "audaz omnisciencia" de Tolstói y otros grandes realistas del XIX. Podría verse también, al contrario, como un exceso de omnisciencia: el narrador sabe tantas cosas que algunas de ellas, en efecto, no cuadran; parece que están de más, porque nada ponen ni quitan. Y, sin embargo, siguen ahí, recordándonos todos los detalles que no encajan en el conjunto de lo que sabemos y comprendemos.
Es significativo que todo esto -la pistola que no se dispara, el hombre de los calderos, la carta sin contenido- halle cobijo no en el marco extenso y totalizador de la novela (que podría, se diría, permitirse estos excesos), sino en el espacio breve y estricto del cuento, que se supone regido por leyes supereconómicas y envuelto en densos vapores de condensación. Para William Gerhardie, uno de los primeros (1923) críticos de la obra de Chéjov, el "realismo" bien entendido debería consistir en "extraer de la vida sus rasgos característicos -porque la vida, fuera del foco del arte, es como el mar: borrosa, sin forma y sin plan- y reubicarlos en un plan concebido para representar, bajo el foco del arte, la vida que es como el mar: borrosa, sin forma y sin plan". Chéjov tuvo la audacia de llevar -no encerrar- el mar a un lugar acotado con una duración limitada y de convertir esas restricciones de tiempo y espacio en una forma, sin duda para él la más genuina, de captarlo, de describirlo.
Chéjov tuvo enseguida discípulos entre los escritores que conoció, como Maksim Gorki o Iván Bunin, y entre los que no llegó a conocer, como Isaak Bábel o Katherine Mansfield. Caló también hondo en varias generaciones de cuentistas norteamericanos: en el prólogo a la antología de Cuentos imprescindibles que le dedicó, Richard Ford señalaba directamente a Sherwood Anderson, Ernest Hemingway, John Cheever, Eudora Welty y Raymond Carver. Guillermo Cabrera Infante apuntaba incluso a Somerset Maugham: algunos pensarán que es mucho apuntar, pero el gesto es indicio de un honor -justificado o no- al que pocos se resisten.
La sombra de Chéjov cubre todo el siglo XX. A su lado han pervivido otras tradiciones, como la encarnada por Henry James, que Gerhardie tanto deploraba: los cuentos geométricos, cerrados, de férrea trama del norteamericano eran la antítesis de las mareas y la sagrada espuma del venerado maestro ruso, que poseía la llave de la representación de "la vida". James seguramente creería que la llave la tenía, o la buscaba, él. En cualquier caso, los dos modelos han llegado hasta hoy. El otro día leí, en una crítica del último y magnífico libro de Kazuo Ishiguro, Nocturnos, que en sus cuentos se observaba la influencia de Chéjov y James. A la vez. La propia Janet Malcolm, tan chejoviana, ha escrito algunos reportajes -especialmente, En los Archivos de Freud- cuyo intríngulis y paisanaje parecen producto de la maquinaria jamesiana. No sé si el siglo XXI resolverá la incógnita de la carta certificada de La sala número 6. Pero parece que autores y lectores siguen estando en ello.
Luis Magrinyà (Palma de Mallorca, 1960). Su último libro es Habitación doble (Anagrama).
TOMADO DE:http://www.elpais.com/articulo/portada/Pistolas/mares/elpepuculbab/20100821elpbabpor_4/Tes
LUIS MAGRINYÀ 21/08/2010
¿Cuentos cerrados o abiertos? Esa es la pregunta que surgió con Antón Chéjov, considerado el padre del relato moderno. Los 150 años del nacimiento del escritor ruso sirven para dilucidar sus claves y homenajear a este género en auge de autores y lectores. Por Luis Magrinyà
Leí La estepa por recomendación -una entre tantas- de su grandísimo traductor Víctor Gallego: esta extraña road story rusa, en la que un niño de nueve años recorre en calesa el largo camino de su pueblo a la ciudad donde ingresará en el instituto, fue un hito en la carrera de su autor y Víctor insistía en que era como el epítome de lo chejoviano. A mí me dejó intrigado. La historia termina con el niño instalado ya en su paradero, acogiendo "con lágrimas esa vida nueva y desconocida" sobre la que el narrador se pregunta textualmente: "¿Qué le depararía?". Esta pregunta es la última frase del relato pero de algún modo -de un modo muy chejoviano- se resiste a ser su final. Con ella, proyectando la narración hacia lo que aún tiene que ocurrir, el autor parece dejarnos claro que lo que ha contado es sólo un fragmento, que una narración no puede aspirar a describir la vida en su totalidad más que señalando, precisamente, la imposibilidad de hacerlo.
Se sabe que Chéjov dijo en varias ocasiones -refiriéndose sobre todo al teatro- que si aparece una pistola al principio de una trama tiene que ser para que al final alguien la dispare. Esta pistola -"la pistola de Chéjov"- ha llegado a dar nombre a una figura literaria que antes se conocía como "anticipación", y se ha difundido, paradójicamente, como consigna de cierto tipo de construcción narrativa -economía, funcionalidad, previsión y control dramático- que los lectores de Chéjov probablemente no identifiquemos demasiado con él. En sus cuentos encontramos sin dificultad pistolas que aparecen y no se disparan: de hecho, muchas veces nos parece todo muy antieconómico, disperso, informe, divagante, poco atado... aunque nunca, es verdad, gratuito.
En El beso, después del acontecimiento al que alude el título y antes de las consecuencias que de él se derivan, leemos varias páginas bastante ajenas a lo ocurrido y en las que se suceden, para más inri, "cuadros muchas veces vistos poco interesantes". En Luces, después de que un ingeniero cuente un recuerdo algo vergonzoso de su juventud que tendría que ser el centro indiscutible del relato, éste se extiende no sólo en las discusiones moralizantes de sus oyentes, sino en las pequeñas incidencias de su vida laboral, y el último "acontecimiento" narrativo es la aparición de un hombre con unos calderos que nadie ha pedido. Janet Malcolm, en su estupendo Leyendo a Chéjov, ha destacado cómo al final de La sala número 6, en las visiones agónicas del protagonista, aparece un hermoso ciervo -tal vez una imagen idílica, psicológicamente razonable en un moribundo-, pero también una campesina que le tiende "una carta certificada".
¿Una carta certificada? ¿Qué demonios pinta ahí una carta certificada? ¿En el decisivo momento de la muerte? Éste es un elemento muy narrativo: de una carta siempre queremos saber qué dice, quién la escribe, qué efecto produce en quien la recibe. Y si encima es certificada... ¿Qué perverso juego introduce Chéjov al endosarnos un misterio que no va a resolver, una alusión a un episodio sin duda importante en la vida del personaje pero del que nosotros nunca sabremos nada? ¿Y por qué ese misterio -toda una carta certificada- es precisamente pura narratividad escamoteada? "Chéjov entra en el cerebro del moribundo, pero sale de él con la información más lacónica e incompleta que pueda imaginarse": Janet Malcolm relaciona esta "reticencia" autorial con el modernismo del siglo XX y la contrapone a la "audaz omnisciencia" de Tolstói y otros grandes realistas del XIX. Podría verse también, al contrario, como un exceso de omnisciencia: el narrador sabe tantas cosas que algunas de ellas, en efecto, no cuadran; parece que están de más, porque nada ponen ni quitan. Y, sin embargo, siguen ahí, recordándonos todos los detalles que no encajan en el conjunto de lo que sabemos y comprendemos.
Es significativo que todo esto -la pistola que no se dispara, el hombre de los calderos, la carta sin contenido- halle cobijo no en el marco extenso y totalizador de la novela (que podría, se diría, permitirse estos excesos), sino en el espacio breve y estricto del cuento, que se supone regido por leyes supereconómicas y envuelto en densos vapores de condensación. Para William Gerhardie, uno de los primeros (1923) críticos de la obra de Chéjov, el "realismo" bien entendido debería consistir en "extraer de la vida sus rasgos característicos -porque la vida, fuera del foco del arte, es como el mar: borrosa, sin forma y sin plan- y reubicarlos en un plan concebido para representar, bajo el foco del arte, la vida que es como el mar: borrosa, sin forma y sin plan". Chéjov tuvo la audacia de llevar -no encerrar- el mar a un lugar acotado con una duración limitada y de convertir esas restricciones de tiempo y espacio en una forma, sin duda para él la más genuina, de captarlo, de describirlo.
Chéjov tuvo enseguida discípulos entre los escritores que conoció, como Maksim Gorki o Iván Bunin, y entre los que no llegó a conocer, como Isaak Bábel o Katherine Mansfield. Caló también hondo en varias generaciones de cuentistas norteamericanos: en el prólogo a la antología de Cuentos imprescindibles que le dedicó, Richard Ford señalaba directamente a Sherwood Anderson, Ernest Hemingway, John Cheever, Eudora Welty y Raymond Carver. Guillermo Cabrera Infante apuntaba incluso a Somerset Maugham: algunos pensarán que es mucho apuntar, pero el gesto es indicio de un honor -justificado o no- al que pocos se resisten.
La sombra de Chéjov cubre todo el siglo XX. A su lado han pervivido otras tradiciones, como la encarnada por Henry James, que Gerhardie tanto deploraba: los cuentos geométricos, cerrados, de férrea trama del norteamericano eran la antítesis de las mareas y la sagrada espuma del venerado maestro ruso, que poseía la llave de la representación de "la vida". James seguramente creería que la llave la tenía, o la buscaba, él. En cualquier caso, los dos modelos han llegado hasta hoy. El otro día leí, en una crítica del último y magnífico libro de Kazuo Ishiguro, Nocturnos, que en sus cuentos se observaba la influencia de Chéjov y James. A la vez. La propia Janet Malcolm, tan chejoviana, ha escrito algunos reportajes -especialmente, En los Archivos de Freud- cuyo intríngulis y paisanaje parecen producto de la maquinaria jamesiana. No sé si el siglo XXI resolverá la incógnita de la carta certificada de La sala número 6. Pero parece que autores y lectores siguen estando en ello.
Luis Magrinyà (Palma de Mallorca, 1960). Su último libro es Habitación doble (Anagrama).
TOMADO DE:http://www.elpais.com/articulo/portada/Pistolas/mares/elpepuculbab/20100821elpbabpor_4/Tes
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