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martes, 21 de julio de 2009

visita de Octavio Escobar







El 7 de Julio nuestro taller recibió la visita del escritor colombiano Octavio Escobar. Durante dos horas compartimos ideas acerca de escribir y de ser escritor en el mundo contemporáneo.Octavio Escobar contestó las inquietudes de los talleristas y reflexionó acerca de la necesidad de circular lo escrito.



El punto mas interesante, para quienes lo escucharon, fue su reflexión acerca de la transformación de las fronteras entre los géneros. Ser narrador no significa ser cuentista o novelista o cronista , ser narrador significa contar historias. Ante esta afirmación, los talleristas han comenzado a tomar partido. Esperamos comentarios al respecto

jueves, 2 de julio de 2009

Los heterónimos y los seudónimos

En el ejercicio que hicimos de alter ego tuvimos que construir un personaje opuesto a nosotros y darle "volumen" intentando hacerlo verosímil. A lo largo de la historia de la literatura algunos escritores no sólo han plasmado sus alter ego en personajes de sus cuentos, se han plasmado ellos mismos, como en el caso de Borges personaje, o han inventado autores con personalidades autónomas que terminan por ser autores ybpersonajes creados por un primer autor.
A continuación "pego" una definición tomada de wikipedia que nos puede servir para comentar en el taller.
El término heterónimo deriva de heteronimia que es el fenómeno por el cual dos palabras con un contenido semántico muy cercano no comparten la procedencia de una misma raíz; por ejemplo: toro-vaca, caballo-yegua, etc.

Diferencia con seudónimo Puede también decirse que los heterónimos son seudónimos que poseen una personalidad definida e incluso una biografía inventada; sin embargo, no deben confundirse unos con otros. Los seudónimos son tan sólo nombres falsos con los cuales se firma una obra sin que intervengan directamente en ésta. Es decir, Gabriela Mistral es solo el alias poético de Lucila Godoy Alcayaga y ninguna de ellas se diferencia en nada de la otra; sin embargo Ricardo Reis y Fernando Pessoa, por ejemplo, son bastante distintos entre sí.

Los orígenes de los heterónimos hay que buscarlos en realidad en el
Romanticismo, si bien han existido desde muy antiguo; Shakespeare fue tenido por un poeta de poetas y sus personajes inventaron o crearon una poética y una cosmovisión diferente e independiente cada uno; falsarios prerrománticos como James Macpherson crearon a poetas que eran auténticos heterónimos, como Ossián, y lo mismo cabe decir de Thomas Chatterton, cuyo falso monje medieval Rowley creó todo un mundo de relaciones con otros personajes inexistentes, a la manera de un futuro Pessoa.

En Fernando Pessoa
El poeta portugués
Fernando Pessoa introdujo la noción de heterónimo en teoría literaria y es el mayor y más famoso ejemplo de producción de heterónimos. Para él ellos eran otros de él mismo, personalidades independientes y autónomas que vivían fuera de su autor con una biografía propia, esto es dotados de distintos caracteres que fraguasen lo que él llamó "drama em gente".. Son, por así decirlo, una especie de alter ego u otro yo del autor. Así fueron creados los autores Álvaro de Campos, Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Bernardo Soares, Antonio Mora, entre muchos otros de menor importancia y desarrollo, algunos de ellos femeninos, hasta un número total de 70, escribiendo una obra poética para cada uno.

Por otra parte, Antonio Machado creó varios heterónimos, que él llamó apócrifos o complementarios, entre los cuales los más importantes fueron el profesor de gimnasia Juan de Mairena y su maestro Abel Martín, entre otros esbozados y poco desarrollados para su "esencial heterogeneidad del ser" y el poeta Miguel de Unamuno engendró también a un heterónimo suyo, el poeta Rafael, un escritor becqueriano autor de Teresa. Félix Grande se sacó de sí al heterónimo Horacio Martín. Max Aub creó al falso escritor y pintor Jusep Torres Campalans, para el cual incluso pintó cuadros. José María Merino, por otra parte, creó con otros autores un heterónimo. En su novela "Rayuela", Julio Cortazar incluyó a un personaje llamado Morelli, un escritor a quien se le atribuye ser el heterónimo del autor del libro.

miércoles, 1 de julio de 2009

Entrevista con Nahum Montt


Entrevista con Nahum Montt
“Nadie escribe para complacer a su editor”
Tomado del periódico confabulación

Nahum Montt, es uno de los nombres sobresalientes de la novísima narrativa colombiana, obtuvo el Premio Nacional de Novela 2004 con el Eskimal y la mariposa, lo que le dio un cupo en el reducido espacio de las editoriales comerciales. Además se trata de un importante gestor cultural y difusor de la pasión creadora, al punto de que se convirtió en el piloto de la Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa (RENATA), proyecto respaldado por el Ministerio de Cultura y cuya misión es llevar el secreto engranaje de las palabras a todos los sitios del país. Esta ardua labor ha contado con muchos adeptos pero, como ocurre siempre, también se ha visto cuestionada por innúmeros detractores, cuyo argumento central es que RENATA se encuentra en manos de unos pocos elegidos y que presenta algunos yerros en su estructura y en sus planteamientos. En esta entrevista, el novelista de Barrancabermeja (1967) sofoca estas inquietudes y nos revela a qué ficciones se aplica actualmente.

¿Por qué RENATA nunca ha involucrado la poesía en su oficio pedagógico? ¿Por qué la dramaturgia y el ensayo también son géneros proscritos por ese programa instituido por el Ministerio de Cultura?
En la actualidad existen 40 talleres vinculados al programa RENATA del Ministerio de Cultura, talleres que se dictan en bibliotecas públicas, centros penitenciarios, cajas de compensación familiar, comunidades étnicas, afro-descendientes y raizales. Entre ellos, dos talleres de poesía, bajo la dirección de Giovanny Gómez en Pereira y Felipe García en Popayán. En el mes de octubre se abrirán nuevas convocatorias para que participen los talleres literarios existentes y en proceso de gestación del país, que se encuentren interesados en participar en la Red. Cada dos años se abren estas convocatorias públicas. En cuanto a los otros géneros, ya existe la Red Nacional de Dramaturgia que trabaja en distintas regiones del país. Y en cuanto al ensayo, se están gestionando recursos para abrir un primer taller en Bogotá.

¿Cuántos Talleres están afiliados a RENATA en Colombia y quiénes son los escritores encargados de asistirlos, de darles herramientas teóricas y prácticas para su labor creativa, pues según algunos detractores es un “pequeño número de privilegiados, quiénes recorren el país con el dinero de todos los contribuyentes”?
RENATA ofrece a los talleres vinculados la posibilidad de participar en dos encuentros nacionales con sus directores de taller, la publicación de una antología que reúne los mejores textos, un portal en Internet que pone en comunicación los distintos talleres, la visita una vez al año de un escritor asociado y un proceso de acompañamiento integral que aporta en el mejoramiento de la calidad de cada taller. Desde el 2006 hasta hoy, veintidós escritores han visitados los talleres y compartido su experiencia en el oficio.

Usted es autor de El eskimal y la mariposa (Premio Nacional de Novela 2004) y de Lara, de reciente aparición… ¿Qué piensa de la nueva y exitosa generación de novelistas colombianos que algunos críticos han decidido llamar “Baby Boom” y unos más perversos “Bon Bon Bum”?
RENATA ha permitido evidenciar la enorme diversidad de textos que se están escribiendo en Colombia, más allá de adjetivos generacionales y autores mediáticos, nos encontramos con temáticas románticas, históricas, fantásticas, urbanas, leyendas recuperadas de la tradición oral, en fin, un horizonte bastante amplio.

¿Cree que el Rómulo Gallegos para William Ospina y el Casa de las Américas para Roberto Burgos Cantor orientan la apreciación de la literatura de nuestro país hacia un punto con mayor gravedad que la promulgada por la cultura de los best-sellers?
Los premios recientes reconocen la buena salud que posee nuestra literatura. El hecho de que estas novelas traten temas históricos es meramente circunstancial. Creo que ningún autor escribe para complacer a sus editores, ni lo hace pensando en ganarse un premio.

¿En qué libro trabaja ahora?
Como autor me siento privilegiado por la posibilidad que me ha brindado RENATA de sumergirme en el país y descubrir asombrado lo que los otros autores están escribiendo. Compartir con ellos las mismas obsesiones, inquietudes y expectativas ha sido una experiencia germinal en mi proyecto literario. En estos momentos me encuentro disfrutando del placer de la dispersión y escribo varios textos, que tal vez hablan siempre de lo mismo. Me divierto entrando en el género negro y es probable que alguna de estas novelas en las que estoy metido sea la siguiente en publicarse

Taller de creación con la escritora Pía Barros







el jueves 25 de junio, en Bogotá, algunos directores y talleristas de la red RENATA tuvimos la oportunidad de participar en el taller de minificción a cargo de la escritora chilena Pía Barros.Fue una experiencia que nos hizo reflexionar acerca de la circulación y publicación en los talleres.Si bien el trabajo de edición o de post escritura es el centro del taller, la circulación de lo escrito esimportante en tanto con ella se genera cultura.

viernes, 19 de junio de 2009

poema chino

Han Yu, un poeta chino del siglo VIII
Todo resuena cuando se rompe el equilibrio.
Las yerbas son silenciosas,
pero si el viento las agita, silban.
El agua calla,
pero si el aire la mueve, repica;
las olas mugen: algo las oprime;
la cascada se precipita: le falta suelo;
el lago hierve: algo lo calienta.
Son mudos los metales y las piedras,
pero si algo los golpea, rechinan.
Así el hombre.
Si habla, es que no puede contenerse;
si se emociona, canta;
si sufre, se lamenta.
Todo lo que sale de su boca
se debe a una rotura...
Cuando el equilibrio se fragmenta,
el cielo escoge entre los hombres
aquellos más sensibles y los hace hablar.

jueves, 18 de junio de 2009

La crónica como herramienta en la formación de narradores

La crónica como herramienta en la formación de escritores
Por : Martha Fajardo Valbuena

La crónica tiene múltiples definiciones y algunos incluso la asocian más con el periodismo que con la literatura. Digamos, para efectos de esta reflexión, que, como la define Juan Villoro, es “literatura bajo presión”. Escribir una crónica, o al menos, intentarlo, es un proceso benéfico para los noveles escritores. No sólo porque los forma en la disciplina del uso de los recursos de la lengua sino porque los sitúa en relación con un lector. Que, en este caso, es un sujeto con el que el cronista compartirá experiencias.

Una de las primeras trabas con las que se encuentran los directores de talleres literarios es la necesidad del descentramiento de la escritura de los talleristas. En cuanto a composición escrita, los jóvenes escritores suelen escribir para sí mismos, sin pensar que lo que escriben debe tener la suficiente estructuración gramatical y sintáctica para poder ser decodificado por el lector. La elaboración de una crónica pone en el tapete la necesidad de escribir para ser entendido y para poder compartir experiencias. En este sentido, el lector aparece en el panorama del escritor como un objetivo y el lenguaje escrito se reconoce como el instrumento por medio del cual el escritor entrega las vivencias, las emociones, las dudas, los temores y el cúmulo de ideas y sensaciones que ha vivido durante la “aventura” de la crónica.

En cuanto a la selección de la información es muy interesante ver cómo los aprendices de cronistas recopilan descripciones y terminan circundados de un mar de información e imágenes que tienen que racionar hasta encontrar el “punto exacto”. El joven cronista se ve avocado a tomar decisiones, a recortar, o ampliar la información, a explicar, a indagar, a hacer guiños aclaratorios para que su lector entienda o, al menos, la historia quede verosímil. En esa “decantación de la información” el tallerista aprende a identificar los “picos” narrativos a hacer economía de lo que puede inferirse y esto es algo que, a la hora de escribir un cuento, es crucial.

En cuanto al uso de miradas y voces la crónica exige que quien la escriba reconozca las múltiples visiones sobre los temas tratados. Las voces de los actores deben aparecer como de ellos, y existen convenciones como las comillas, la inclinación de la letra, el uso de guiones que se hacen necesarios para hacer ágil la lectura y que aquí cobran sentido y propósito. También la multiplicidad de opiniones educa al escritor para la polifonía narrativa.

En aras de la agilidad en la narración el cronista debe organizar los hechos de modo que no exagere en las descripciones ni en los párrafos elaborados con definiciones y conceptualizaciones pesadas. Esta exigencia de la crónica forma en el uso de las imágenes y las analogías y también permite una reflexión sobre la adjetivación y su uso en las descripciónes.

Además, la capacidad observadora se ve convocada a la hora de recopilar la información. Elaborar una crónica obliga al escritor a presenciar los acontecimientos por fuera de ellos, es decir, desprendiéndose de la emoción. La calidad de observador extraña al escritor, lo hace otro moviéndose en un mundo ajeno. Este descentramiento afina la mirada de lo que puede ser valioso para ser narrado.

En conclusión, como ejercicio narrativo la crónica resulta realmente beneficiosa para quien la elabora pues no solo tiene efectos cognitivos, de sí mismo y de los otros, sino formales como el reconocimiento de los elementos gramaticales y sintácticos así como de las convenciones de la lengua escrita. También contribuye a afinar la mirada para identificar las cimas y los declives narrativos y seleccionar tanto las palabras precisas como los elementos mas adecuados par entregar la información, todos ellos , aspectos muy importantes para un narrador.

miércoles, 17 de junio de 2009

CRONICA DE CARLOS LOPEZ

PARA LA CUARTA EDAD


Para los que traspasamos los limites de cierta edad, los que tenemos inclinada la balanza hacia el otro lado, concientes o inconscientes, tenemos la tendencia a recordar, como si no viéramos el porvenir o no nos perteneciera. Tal vez por eso cuando se nos presenta la oportunidad de escribir una crónica sobre nuestra ciudad escogemos el pasado, preferimos evocarlo no para quedarnos allí sino como una remembranza feliz.
Te conocí y te vi crecer igual que a mi mismo. Entonces tus parques eran terrenos que llamábamos plazas, repito, terrenos rodeados de viviendas construidas en bahareque, (barro embutido), otras las menos, sus paredes levantadas en adobe, los techos con teja de barro o de zinc, casas que los dueños se llenaban de orgullo llamándolas modernas. Tus linderos… perdón. Tus límites por el oriente llegaban hasta el sitio llamado Tres Esquinas porque efectivamente había tres esquinas. La cuarta esquina era un inmenso terreno donde pastaban animales. Las tres esquinas las formaban casas que daban vida a la calle veinticinco con carrera quinta. Por el occidente terminabas en un sitio que llamaban “la bajada”. Unos atrevidos fundaron a la orilla del río el barrio La Hoyada, que mas tarde bautizaron con el pomposo nombre de El Libertador, aduciendo que por ahí paso Simón Bolívar en una de sus campañas emancipadoras. La bajada era un peligro por lo destapada y su inclinación casi vertical. No la despreciaría Dante si repitiera el descenso a los infiernos. Por el norte tenias una docena de casas, una gran piedra con un letrero que decía: Aquí será construida la iglesia de Nuestra Señora Maria Auxiliadora. La iglesia fue construida lo que demuestra que a veces cumplen los curas y los políticos nunca. A propósito el que diseñó el modelo de las bancas del parque del barrio Belén debe ser el retorno del Marqués de Sade. En esas bancas es posible que alguien duerma una noche de verano. Dudo de que los que se sientan en ellas regresen a sus casas con la columna vertebral ilesa. Por el sur te cercaba el río Combeima, hoy muerto igual a los proyectos de tus dirigentes. Al otro lado del río estaba el llano de los Álvarez, al que se llegaba por un pintoresco puente, orgullo de los ibaguereños y motivo para los paseos al río de cristalinas aguas no contaminadas. Estos terrenos, mas tarde fueron parcelados para construir barrios populares. Se llegaba al río Combeima por un camino “hoy calle primera sur” no sin antes pasar la vuelta del chivo, nombre que se le daba a ese sitio; seguía el camino hacia el barrio La Amé o Lamé. Dejo ese asunto a los historiadores, “a los chivos” de ese tiempo pero… dónde encontrarlos, si ya tengo mas amigos en las tumbas que en los bares, citando al poeta Juan Manuel Roca. Se pasaban la vuelta del chivo y seguían los osados.
En el barrio Lamé vivían las mujeres que llamaban malas, en realidad buenas en el mejor sentido de la palabra. Los chivos ibaguereños se batían por ellas a puñal, a puño limpio los menos bobos y los inteligentes les pagaban el rato. El rey del barrio era un negro hercúleo invicto a puñal, a machete, a mordiscos, etc. etc… Lo conocían con el remoquete de Chorrodihumo. Los inteligentes nunca le hicieron frente para conservarse sanos. Lo despojó de la valentía, al mejor estilo clásico de Indiana Jones, un soldadito barbilampiño quien le disparó una bala de fusil directo al corazón.
Creciste venciendo los inconvenientes que sufren los pueblos normales, eres una ciudad con bellos parques y modernos edificios. De aquel pueblo donde los periodistas inventaban la noticia para cobrar el sueldo ¿Costumbre olvidada?, O como los reporteros del seminario La Linterna informando que en el municipio del Guamo la Patasola había robado una niña por desobedecer a la mamá, no queda nada. De pronto las fotografías tomadas por ese gran amante que tuviste, Señor Camacho Ponce quien tenía el estudio en la carrera tercera entre calles doce y trece. Hoy los de la cuarta edad nos sentamos en las bancas del parque Bolívar -única propiedad tuya que nos dejan los que manejan tu erario - a decirnos mentiras mal disfrazadas de verdad. Unos recuerdan que en la carrera tercera, frente donde estamos sentados, funcionaba la panadería de las Santos que hacían el mejor pan de la ciudad; otro más atrevido asegura que Bolívar orinó en todo el centro de la plaza donde le erigieron la estatua. También orinó - ese lo vi yo- un ángel de mármol que adornaba el parque. Dicen que lo trasladaron a otro lugar para no herir el pudor de las beatas.
Tantas cosas para decir, pero la mente se embota con los recuerdos agolpados en el portón de la memoria, desordenados, luchando por salir y ganar el premio al mejor. Prefiero decirte que te amo, que sigas creciendo, que ojalá tus hijos -los que se hacen llamar estado- te amen la mitad de lo que te amo, y tapen los huecos que atormentan tus calles.
FIN
CARLOS ARTURO LÓPEZ